martes, febrero 06, 2007

Ensayo sobre la Ceguera de Saramago

Aquí les dejo las palabras de Yoel Schwartz, que además de israelí es sociólogo y profesor de historia, en respuesta a un texto de Saramago respecto al conflicto arabe-israelí.
Hago propias cada una de las palabras de Schwartz. En el orden de exposición, primeramente pondré el texto de Saramago, luego una carta de Yoel Schwartz y finalmente la respuesta de Schwartz. Como siempre, las negritas y los colores son puestos por mí, y son las partes a las que le presté especial enfásis.

Saludos!
Buena Prensa, Buen Mundo!
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De las piedras de David a los tanques de Goliat
por José Saramago. Escritor portugués, premio Nobel de Literatura de 1998.
© Parlamento Internacional de Escritores.
Publicado en “El País”, Madrid, 21/4/2002

Afirman algunas autoridades en temas bíblicos que el Primer Libro de Samuel se escribió en la época de Salomón o inmediatamente después; en cualquier caso, antes del cautiverio en Babilonia. Otros estudiosos no menos competentes afirman que no sólo el Primero sino también el Segundo Libro de Samuel se redactaron después del exilio de Babilonia, y que su composición obedece a lo que la estructura histórico-político-religiosa denomina esquema deuteronomista, es decir, sucesivamente, la alianza de Dios con su pueblo, la infidelidad de ese pueblo, el castigo de Dios, la súplica del pueblo, el perdón de Dios. Si el venerable texto procede de la época de Salomón, podemos decir que sobre él han pasado hasta hoy, en números redondos, unos tres mil años. Si los redactores llevaron a cabo su trabajo después de que los judíos regresaran del exilio, entonces hay que restar a ese número unos 500 años, mes más, mes menos.

Esta preocupación por el rigor temporal tiene como único propósito proponer a la comprensión del lector la idea de que la famosa leyenda bíblica del combate entre el pequeño pastor David y el gigante filisteo Goliat (que no llegó a producirse) se cuenta equivocadamente a los niños, por lo menos, desde hace 25 o 30 siglos. A lo largo del tiempo, las diversas partes interesadas en el asunto han ido elaborando, con la conformidad acrítica de más de 100 generaciones de creyentes, tanto hebreos como cristianos, toda una engañosa mistificación sobre la desigualdad de fuerzas que había entre los brutales cuatro metros de altura de Goliat y la frágil complexión física del rubio y delicado David. Dicha desigualdad, enorme según todas las apariencias, quedaba compensada e invertida a favor del israelita gracias a que David era un muchacho astuto, y Goliat, una estúpida masa de carne; tan astuto era el primero que, antes de ir a enfrentarse al filisteo, encontró en la orilla de un riachuelo que había por allí cerca cinco piedras lisas, que metió en la alforja; tan estúpido el otro, que no se dio cuenta de que David llegaba armado con una pistola. Que no era una pistola, protestarán, indignados, los amantes de las verdades míticas soberanas, que era simplemente una honda, una humildísima honda de pastor, como las que habían utilizado en tiempos inmemoriales los criados que tenía Abraham para cuidar el ganado. Es verdad, no parecía una pistola, no tenía cañón, no tenía culata, no tenía gatillo, no tenía cartuchos; lo que tenía eran dos cuerdas finas y resistentes, atadas por los extremos a un pequeño pedazo de cuero flexible, en cuyo hueco la mano experta de David colocó la piedra que, desde lejos, partió veloz y poderosa como una bala contra la cabeza de Goliat, le derribó y le dejó a merced del filo de su propia espada, que ya empuñaba el diestro tirador. Si el israelita consiguió matar al filisteo y dar la victoria al ejército de Dios vivo y de Samuel, no fue por ser más astuto, sino simplemente porque llevaba consigo un arma de largo alcance y sabía manejarla. La verdad histórica, modesta y nada imaginativa, se conforma con enseñarnos que Goliat no tuvo ni siquiera la posibilidad de poner las manos encima de David; la verdad mítica, insigne fabricante de fantasías, nos embaucó hace 30 siglos con el maravilloso cuento del triunfo de un pequeño pastor sobre la brutalidad de un guerrero gigantesco al que, al final, de nada sirvió el pesado bronce del casco, la coraza, las espinilleras y el escudo. Sea cual sea la conclusión que podamos sacar del desarrollo de este edificante episodio, David, en las numerosas batallas que le convirtieron en rey de Judá y Jerusalén y extendieron su poder hasta la margen derecha del Éufrates, no volvió a usar la honda ni las piedras.

Tampoco las usa ahora. En los últimos 50 años han crecido hasta tal punto las fuerzas y la dimensión de David, que ya no es posible ver y reconocer diferencias entre él y el altivo gigante; incluso puede decirse, sin ofender la deslumbrante claridad de los hechos, que se ha convertido en un nuevo Goliat. David, hoy, es Goliat, pero un Goliat que ya no carga con armas de bronce inútiles y pesadas. Aquel rubio David de antaño sobrevuela en helicóptero las tierras palestinas ocupadas y dispara misiles contra inocentes desarmados, aquel delicado David de otrora tripula los tanques más poderosos del mundo y aplasta y revienta todo lo que encuentra a su paso, aquel David lírico que cantaba loas a Betsabé, encarnado ahora en la figura gargantuesca de un criminal de guerra llamado Ariel Sharon, lanza el 'poético' mensaje de que primero es preciso acabar con los palestinos para después negociar con los que queden. En pocas palabras, en esto es en lo que, con ligeras variaciones meramente tácticas, consiste desde 1948 la estrategia política israelí. Intoxicados mentalmente por la idea mesiánica de un Gran Israel que haga por fin realidad los sueños expansionistas del sionismo más radical, contaminados por la monstruosa y arraigada 'certeza' de que en este mundo catastrófico y absurdo existe un pueblo elegido de Dios y que, por tanto, están automáticamente justificadas y autorizadas, en nombre de los horrores del pasado y de los miedos de hoy, todas las acciones nacidas de un racismo obsesivo, psicológica y patológicamente exclusivista, educados y formados en la idea de que cualquier sufrimiento que hayan infligido, inflijan o vayan a infligir a los demás, especialmente a los palestinos, siempre será inferior a los que ellos padecieron en el Holocausto, los judíos arañan sin cesar su propia herida para que no deje de sangrar, para hacerla incurable, y la muestran al mundo como si se tratase de una bandera. Israel se adueña de las terribles palabras de Dios en el Deuteronomio: 'Míos son la venganza y el pago'. Israel quiere que todos nosotros nos sintamos culpables, directa o indirectamente, de los horrores del Holocausto; Israel quiere que renunciemos al más elemental juicio crítico y nos transformemos en un eco dócil de su voluntad; Israel quiere que reconozcamos de iure lo que, para ellos, es ya un ejercicio de facto: la impunidad absoluta. Desde el punto de vista de los judíos, Israel no podrá ser nunca sometido a juicio, porque fue torturado, gaseado e incinerado en Auschwitz. Me pregunto si aquellos judíos que murieron en los campos de concentración nazis, aquellos que fueron perseguidos a lo largo de la historia, aquellos que murieron en los pogromos, aquellos que quedaron olvidados en los guetos, me pregunto si esa inmensa multitud de desgraciados no sentiría vergüenza al ver los actos infames que están cometiendo sus descendientes. Me pregunto si el haber sufrido tanto no sería el mejor motivo para no hacer sufrir a los demás.

Las piedras de David han cambiado de manos, ahora son los palestinos los que las arrojan. Goliat está al otro lado, armado y equipado como nunca lo ha estado soldado alguno en la historia de las guerras, aparte, claro está, del amigo norteamericano. Ah, sí, las horrendas matanzas de civiles causadas por los llamados terroristas suicidas... Horrendas, sí, sin duda; condenables, sí, sin duda, pero a Israel le queda aún mucho que aprender si no es capaz de entender las razones que pueden llevar a un ser humano a transformarse en una bomba.
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Pues ahora les dejo la carta y la respuesta de Yoel Schwartz:

Amigos:
El Domingo 21/4, mientras en São Paulo la comunidad judía hacía historia movilizando mas de 9000 personas en la calle para protestar contra el antisemitismo, el terror y pregonar la paz para Israel, en Madrid el periódico El Pais publicaba un nuevo artículo de opinión del escritor portugues José Saramago. Que a Saramago no le guste Israel no debe sorprendernos, después de las declaraciones en las que comparaba Ramalla con Auschwitz. Que Saramago se vaya hasta la Biblia para encontrar allí las raices de la actitud israelí hacia los palestinos, ya me pareció harina de otro costal: me trae recuerdos de argumentos que leimos de viejos tratados en latín, rubricados por los padres de la Iglesia. Ese odio es el que me pareció necesario contestar.
He enviado una copia de mi respuesta a "El Pais", quiens por ahora no han respondido, y dudo que lo hagan. Pero de cualquier modo he decidido dar publicidad a mi respuesta, por entender que por otros medios es importante no callar frente a la infamia. Lo hago tambien como un viejo admirador del escritor Saramago, y como un indviduo que mas o menos continua reivindicando lo que en Israel llamamos la cultura de la "izquierda", por lo que o todo el mundo tiene que gustar de mi respuesta, que la firmo yo y no en representación de nadie.
Quien le apreveche, que lo divulgue!
Yoel
Ensayo sobre otra ceguera
Respuesta al artículo "De las piedras de David a los tanques de Goliat" de José Saramago, publicado en “El País”, Madrid, 21/4/2002
por Yoel Schvartz, sociólogo y profesor de historia, israelí.

Si los libros de Samuel (I) y (II) fueron escritos durante la época de Salomón o algunos siglos después, al retorno del cautiverio de Babilonia; o aún durante el cautiverio como hay quien afirma; e inclusive si fueron reeditados y trabajados en tiempos posteriores hasta llegar a su versión mas o menos final, traducida del hebreo para el griego en la época alejandrina, poco importa a la hora de analizar el mito. El escritor comunista judío alemán Stephen Heym ya nos enseñó, en su genial “Informe sobre el Rey David”, lo afirmado por los estudiosos más serios del tema, es decir que la crónica bíblica, como cualquier crónica histórica, está formada por gruesas capas de subjetividad, de intereses, de humores y de aquello que otro pensador judío alemán solía llamar de “Ideología”. En rigor, no tenemos otro instrumento para desvendar las tinieblas de la “verdad histórica” que el propio texto, y cualquiera que minimamente ha dedicado horas al estudio crítico de textos históricos sabe hasta que punto estos son frágiles. Basta por ejemplo que un corrector de pruebas de imprenta agregue la palabra NO a una frase para que la crónica histórica cobre una dimensión totalmente diferente, y sean precisas cientos de páginas para convertir el error en verdad, y la incongruencia en coherencia, y explicar como de todas formas fue tomada Lisboa sin la ayuda de los Cruzados.

Entonces, para qué precisa José Saramago preocuparse por el “rigor temporal” en su relato de la batalla “que no llegó a producirse” entre David y Goliat? Acaso tiene otro texto que oponer al primero, (como a veces los historiadores hacen, al comparar dos fuentes e identificar, por una regla lógica no siempre correcta, la mas temprana como la más cercana a la “verdad histórica”)? Acaso no pretende discutir y contestar el mito? Acaso el texto que él analiza y en el que David junta cinco filosas piedras del río para enfrentar al gigante Goliat, no estaba presente por lo menos en los últimos veinte siglos?
Qué nos quiere hacer pensar que “descubrió” José Saramago en el texto bíblico?. Me temo que la “modesta y nada imaginativa” verdad es que no descubrió nada. Simplemente, se limitó a recrear una metáfora para explicar el presente. Para eso, era preciso extrañar lo obvio, crear la sensación de que hay una “verdad” oculta para ser desentrañada. Y a partir de esa sensación, todo deja de ser historia y pasa a ser presente. Ya aprendimos con Croce que toda época escribe la historia sobre sí misma, pero debemos esperar y exigir de los cronistas que téngan la honestidad de reconocerlo, de asumir el carácter limitado e interpretativo de su crónica, y en todo caso de no esconderse detrás del rancio paradigma rankiano de la “los hechos como fueron”, principalmente cuando no tienen otra herramienta de trabajo que los mismos gastados textos.

Que hace Saramago con el texto bíblico? Muy poco, apenas lo adjetiva. Goliat es para Saramago, “brutales cuatro metros”, una “estúpida masa de carne”. Nada de esto está en la Biblia. Goliat era un “campeón” de los filisteos, en ninguna parte la Biblia lo cataloga de estúpido. Por lo contrario, es muy lógico pensar en un militar fogueado, experimentado, veterano de batallas y enfrentamientos. El catálogo de sus armas y pertrechos así parecería indicarlo. Solo en la estética de Holywood los grandotes son también estúpidos, y no creo que el insigne escritor portugués sea afecto a esa estética.

Saramago hace otra cosa con la historia: la saca de contexto. Así, por alguna razón, el enfrentamiento es entre David “el astuto” y Goliat el grandullón idiota. No entre israelitas y filisteos. Pero David y Goliat, los históricos, si es que alguna vez se enfrentaron en el valle de Elá, no eran metáforas de pueblos sino soldado uno, aspirante a héroe el otro. Con una causa y una bandera los dos.
En una época en que las palabras importaban, en que los maldecidos eran efectivamente malditos y los bendecidos efectivamente benditos por la palabra, salió del campamento filisteo un oficial armado hasta los dientes, con escudero para llevarle las armas, y en su boca una peligrosa apuesta para ofrecer a los contendientes israelitas: “Mandad vuestro campeón a luchar conmigo, si él me mata seremos vuestros siervos; mas si yo lo mato seréis nuestros siervos a partir de ahora” (Samuel XVII, 7-11). La historia que así comienza puede ser un mito, pero es un mito de lucha por la libertad, de atávico rechazo a la servidumbre en un tiempo en que pueblos eran diezmados y esclavizados constantemente.

David, el adolescente astuto, juntó efectivamente cinco filosas piedras y las usó como sabía. La otra opción de David era suicidarse a mano limpia peleando contra un soldado fuerte, experimentado, que aterrorizaba las tropas del rey Saúl con su sola presencia (Samuel XVII, 11). La “verdad histórica, modesta y nada imaginativa”, es que David decidió no suicidarse, y en el camino liberar su pueblo del peligro de una nueva y talvez definitiva servidumbre.
Tal vez erró... De haberse suicidado, es posible que el sentido de justicia de José Saramago se vería aplacado.

Es esa vocación suicida la que José Saramago no encontró en David ni encuentra en el Estado de Israel. Es esa incapacidad de Israel de permanecer pasivo cuando siete ejércitos lo atacaron en 1948 la que enerva. Es esa inexplicable terquedad israelí de no confiar en la buena voluntad del mundo la que molesta.

Es esa vocación suicida la que cierta izquierda bienpensante hoy reclama, amparada en la pésima imagen de Ariel Sharon para decir lo que en realidad no ha dejado de pensar nunca: que desde 1948 la estrategia política israelí es el exterminio de los palestinos. Que los judíos [sic.] arañan sin cesar su propia herida para que no deje de sangrar, para hacerla incurable y la muestran al mundo como si se tratase de una bandera. “Israel... quiere que todos nos sintamos culpables, directa o indirectamente, de los horrores del Holocausto...”.

Israel, Sharon, “los judíos”: hasta el lector mas desavisado entiende que es todo lo mismo.

Los que arañan la herida, tal vez debieran, a sugestión de Saramago, dejar la herida cicatrizar?
La herida, vale la pena decirlo, es el genocidio planificado y ejecutado de un tercio de su pueblo, frente a la pasividad de parte del mundo civilizado y la complicidad de otra parte. Tal vez “los judíos” de Saramago debieran renunciar a pretender que todos se sientan directa o indirectamente culpados del crimen que cometieron efectivamente hace solo cincuenta años y que las mentes más lúcidas de Europa han reconocido como propio.

Seria interesante en todo caso, escuchar a José Saramago, en nombre del elemental juicio crítico que reclama para sí, sugerir este consejo paternal a las madres de Plaza de Mayo, a los escasos descendientes de los indios diezmados en Potosí o en México, a las viudas, hijas y madres forzadas, humilladas y obligadas a presenciar el asesinato a mansalva de sus maridos y padres e hijos en Bosnia. Que José Saramago convide a cicatrizar las heridas de los armenios, de los kurdos, de los shiitas de Irak y de tantos otros, y ahí sí, también de “los judíos”.

Israel es culpado de no haber corrido la trágica suerte que la “Historia” le tenia reservada, culpado de no haberse suicidado agradeciendo de paso cada golpe de la mano caritativa de su verdugo como, cuentan, se esperaba que hiciesen los relajados arrepentidos en las hogueras del Santo Oficio, para quizás así ganar que les retuerzan el pescuezo antes de ser consumidos por las llamas. Israel existe porque los enervantes “judíos” no aceptaron el destino de fósil histórico al que los señores Hegel, Toynbee, Stalin y otros los habían condenado.

Que Israel tenga un ejército y esté preparado para la guerra es un hecho trágico, pero justificable en este mundo que, al decir de Borges, ha “sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras”. Que los palestinos no tengan uno, es una tragedia aún mayor, y los principales responsables son los que dijeron NO a la decisión de crear dos Estados para dos pueblos en 1947, es decir los propios líderes palestinos.

Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver y en el discurso de Saramago, detrás de la conmiseración con el destino palestino casi no hay palestinos. Solo hay un bulto oscuro y brutal, “los judíos”.
La ceguera de Saramago lo lleva, como amarrado por propia voluntad al fondo de una oscura caverna, a ver una masa uniforme (“los judíos”, Israel, Sharon) allí adonde hay diversidad y debate.

Lo lleva a denominar “ligeras variaciones meramente tácticas” los acuerdos de Paz que Israel firmó con Egipto, reconociendo de paso la legitimidad de los derechos del pueblo palestino ya en 1979, y comprometiéndose- como efectivamente cumplió- a desocupar hasta el último grano de arena de Sinai.

Lo lleva a ignorar los ofrecimientos israelíes en Camp David en 2000 y en Taba en 2001, que si no colmaban las aspiraciones palestinas al menos eran una base justa para continuar negociando, y que fueron rechazados nuevamente por un liderazgo palestino que tenia una opción mejor y más justa para su pueblo, que es la que estamos viendo ahora en la CNN.

Lo lleva a ignorar la existencia del movimiento pacifista israelí y la inexistencia del movimiento pacifista palestino.

Lo lleva a desconsiderar que Israel efectivamente desocupó ciudades y tierras, permitió la entrada de armas y munición que luego serian usados contra él, firmó acuerdos comerciales e impositivos con el futuro Estado palestino que Arafat decidió no recibir en bandeja de plata, sino obtener a sangre y fuego.

Lo lleva al ridículo de decir que las piedras de David hoy son arrojadas por los palestinos: habrán sido piedras las que estallan en restaurantes, confiterías, hoteles y ómnibus?

Lo lleva a recordar a último momento –“Ah, si, las horrendas matanzas de civiles causadas por los llamados [sic.] atentados suicidas...”- y a dejarnos picando en el área la pregunta de cómo deberíamos llamarlos.

Lo lleva a encargarle a Israel la tarea de entender las “razones que pueden llevar a un ser humano a transformarse en una bomba”. Para Saramago no existe Hamas ni Tanzim, Arafat nunca renunció a la mesa de negociaciones, provocando la caída de un gobierno moderadamente conciliador y la llegada de un gobierno radicalmente belicista, como era de esperar en una situación bélica.

Su visión no le alcanza para repartir un poco mas equitativamente las culpas y las responsabilidades, ya que la tesis del soborno culposo de Israel al mundo civilizado lo explica todo.

Saramago se pregunta si el haber sufrido tanto no seria el mejor motivo para no hacer sufrir a los demás. Si, sin duda, es el mejor motivo para eso, pero nadie habló de inmolarse en cumplimiento de esa premisa. No sé que opinarían los judíos que murieron en los campos de concentración y que Saramago invoca, entre otras muchas razones porque están efectivamente muertos y no pueden hablar, pero intuyo que no me recomendarían suicidarme en nombre de una justicia universal que, como ya dijo alguna vez el Dr. Martín Luther King Jr. abarca a todos los pueblos de la tierra menos a uno, el judío.

Ahora sería el momento de hacer una concesión a los bienpensantes y contar que escribo esto A PESAR de integrar hace casi dos décadas el campo pacifista en Israel y otras cosas que no diré, simplemente porque no son relevantes. Los judíos israelíes luchamos por la supervivencia de nuestra sociedad democrática, en la que José Saramago puede ser un escritor admirado, en la que le preguntaron a su editor si había pensado en suspender la venta de sus libros debido a sus polémicas declaraciones y declaró que ni se la había cruzado por la cabeza semejante estupidez, una sociedad que se enorgullece de ser la única en el mundo que sacó negros de África no para hacerlos esclavos sino para darles la libertad.

Una sociedad que no es mas “exclusivista” que Francia, ni tiene una conciencia de “pueblo elegido” mas acendrada que la de Inglaterra, ni carga en su historia el pesado fardo de haber construido un imperio sobre el genocidio de los nativos americanos como España, o de haber construido otro imperio sobre la esclavitud negra, como Portugal. Que carga si, y lo sabe, una parte de la responsabilidad por el sufrimiento del pueblo palestino (junto con varias otras sociedades que nunca hasta hoy se han dado por aludidas) pero que no por eso está dispuesta a renunciar a la vida, o a asumir nuevamente las culpas colectivas de la humanidad, papel que “los judíos” han tenido reservado durante siglos, por lo menos desde San Agustín.
Una sociedad que ya sabe que al final de tanta sangre habrá un Estado palestino y tendrá que convivir con él.

Una sociedad que tiene poderosos enemigos internos y tal vez, en el futuro, un duro enfrentamiento por su carácter y su alma, pero que hoy está en guerra con quienes abiertamente proclaman su destrucción. En la que subsisten fuerzas oscurantistas, y un radicalismo exclusivista no muy diferente del que hoy levanta la cabeza en Europa. Pero ese radicalismo, en Israel, se alimenta de la guerra y crece a cada nuevo atentado, a cada nuevo hombre bomba. Y puede ser fácilmente barrido por la historia con la llegada de la paz.

Saramago, con su capacidad y sensibilidad para comprender los hombres bomba, debería poder también comprender esto.

17 comentarios:

noralicia dijo...

francia es chauvinista, NO ESCLUSIVISTA. vale la aclaracion seguis con articulos interminables que te duermen antes de contestar.jua

BuenaPrensa dijo...

noralicia:

Fue tomado el pedido de artículos menos extensos. Veré que puedo hacer al respecto. Ultimamente estuve mas abocado a mejoras en el diseño del blog (espero que las hayas notado) para lograr mayor difusión.

Saludos!
Buena Prensa, Buen Mundo

noralicia dijo...

ok siempre tenes razon. que lo pario, che...

ferbr1 dijo...

Madre mía, no tiene desperdicio el articulito de Saramago. Es un rejunte de pelotudeces como pocas veces puede leerse de manos de un nobelizado.

Klovs dijo...

Me parecio muy buena la respuesta de Yoel Schwartz al articulo de Saramago , articulo que lo lei a medias por el asco que me generaba la cataratas de mentiras.

Por otra parte me supo al pedido de noralicia, a veces leer dos posts se hace insostenible por su longitud, entonces tengo que leer uno por dia (no es tan grave tampoco, mientras se siga manteniendo la calidad)

Saludos

P.D: Gracias por menear algunas noticias con links a mi blog.

Anónimo dijo...

klovs, asco es lo que siente media humanidad ante la politica criminal de Israel asco es lo que sentimos muchos ante el ejercito criminal de Israel que mata a diario niños y mujeres. Asco es sentir que en este mundo no hay justicia, asco es lo que siento por dirigirme a ti, Klovs. Asco es pensar que las victimas de ayer hoy son los verdugos.

sandra dijo...

Asco me da la gente que vive en una nube de p...ropano y emite juicios desde sus tripas sin molestarse en analizar hechos ni ofrecer argumentos.

Muy bueno el post. Personalmente no me molestan los artículos extensos (si bien lleva su tiempo leerlos y digerirlos), creo que cada palabra vale.

noralicia dijo...

asco da el asco que te escondas en un anonimo espero que no sea quien se supone que es la sr o sr marmolje... por otra parte esta mas que decir que este nobel ., que se cita hasta el hartazgo en la escuela media, y sino no se es progre, como diria paco,je... yo siempre tenia a su persona mi mas sublimes complejos y nunca lo inclui en alguna bibliografia monografica , saramago no es de mi agrado es mas le creo un temple de arribista taciturno, intelectual de carton mache, plastico y literatu articulado, los nobeles son manijeados hace bastante tiempo.

noralicia dijo...

me mandas de nuevo tu emilio, buena prensa, lo borre por borrar los repetido.je,,,

Fabián dijo...

Muy bueno el artículo de Shwartz. Todavía no entiendo el asunto de los iconitos de abajo para difundir el post. Ya lo voy a analizar... Te publiqué el comentario que me hiciste en el blog con un comentario agregado mío.

Saludos!
Fabian

pacobetis dijo...

¿Quién puñetas es Saramago? su opinión tiene tanta importancia como la de un fútbolista, un cantante, u torero o la mía. No entiendo porque esta sociedad da crédito como si de un entendido se tratara a lo que diga alguién por el mero hecho de ser bueno en su profesión (para el que le guste Saramago).
Este tipo no deja de ser un nazi travestido de rojo.

Leví ben Leví - Equipo de Nuncamás - Venezuela dijo...

Shalom Ubrajot Buena Prensa:

Saludo cariñoso de "Nuncamás" y nuestro deseo de bienestar.

¡Excelente! la competencia para el manejo de la información (CMI)de este artículo y del Blogg en general. En nuestra respetuosa opinión: no se trata de si estoy en capacidad de leer 3 líneas ó 3 libros, ni tampoco que la discusión del tema se base en la extensión del artículo.

Lo importante es la CALIDAD de la información y la ASERTADA contextualización que hace este Blogg de "Buena Prensa". Nos permite conocer la información (de Saramago) que genera la respuesta de Yoel Schwartz y de esa forma precisar nuestra propia contextualización. Se trata de ARGUMENTOS, de los insumos totales para comprender y luego discutir la temática NO DE NÚMERO DE LETRAS o de nuestra flojera mental para leer.

¡Felicitaciones Buena Prensa! Que ni se te ocurra montar artículos de 3 palabras ó 2 líneas ;-)

Con gusto te ayudaremos a difundir este artículo en nuestro sitio Web. Gracias a ti.

LeitraOt Javer

Equipo de "Nuncamás"
Venezuela con Israel
www.barinas.net.ve/nuncamas

Anónimo dijo...

Saramago no dice en ningún momento que haya que olvidar el Holocausto. Que "cicatrice la herida" significa que se detengan las atrocidades que se cometen contra el Pueblo Palestino, del mismo modo que el Pueblo Judío (y todo el mundo) hubiese deseado que los nazis no hubieran cometido atrocidad alguna contra ellos.

BuenaPrensa dijo...

Saramago dice (y cito):

"Los judíos arañan sin cesar su propia herida para que no deje de sangrar, para hacerla incurable y la muestran al mundo como si se tratase de una bandera"

A esto Yoel Schwartz contesta (entre otras geniales cosas): "Seria interesante en todo caso, escuchar a José Saramago, en nombre del elemental juicio crítico que reclama para sí, sugerir este consejo paternal a las madres de Plaza de Mayo"

Lo cierto es que a Saramago le molesta que los judíos recordemos el Holocausto en forma permanente. Para el "los judíos arañamos la herida". ¿Acaso le diría a las Madres de Plaza de Mayo, que siguen manifestandose, que siguen yendo a la Plaza, que siguen pidiendo por la verdad, por sus hijos, incluso despues de 30 años... les diría a estas personas que "ay! por favor, dejen de arañar la herida, ustedes lo hacen para mostrarlo como bandera y hacernos sentir culpables!".

Por cierto, buen mecanismo de comparar el Holocausto Judío, donde al cabo de 6 años murieron 6.000.000 de judíos civiles, en campos de concentración luego de efectuar trabajos forzosos durante años, con el conflicto Arabe-Israelí, donde en 60 años de conflicto no han muerto mas de 8000 palestinos, la mitad concentrados en estos ultimos años de Intifada, en enfrentamientos bélicos o como bajas no intencionales (distinto de la maquinaria de sangre nazi, que los registraba sistemáticamente, para llevarlos a las camaras de gas), y donde el mayor asesino de Palestinos fue el Ejercito Jordano, que asesinó aproximadamente 20.000 palestinos en tan solo un par de meses (Septiembre Negro en 1970).

Saludos!
Buena Prensa, Buen Mundo!

maria patricia dijo...

Buenaprensa, en esta única y constructiva vez me dirijo a ti con cordialidad, ya que es tu blog: El amor, cosa que nos une cada día más y con más calor y vida, cosa que te enseña a sentir con el corazón, con el alma y con el pensamiento, sentimiento más hermoso y sublime no puede haber en el mundo, entre nosotros, seres, hay tal amor, tan bello y tan fuerte que nos mantenemos comunicados y al tanto de cada suceso a diario. Siento la necesidad diaria , de dejar un rato para eso, para pensar en la realidad, en esas familias, en su trabajo,en cómo son sus jornadas, en sus vidas, en sus sentimientos, ese instante se llena de sentido para mi, ya que, a pesar de nuestros errores, nos hemos mantenidos presente, considero, humildemente, que eso nos hace mejores personas. y por lo tanto mejores cada día.


Espero que terminemos por superar estos capitulos que nos hace daño a todos y, continuar con nuestra tarea, ser honestos y al menos en la distancia , mantener comunicación con quienes creemos y sabemos que nos sentimos mejor, , por esa cuota de verdad, esa intimidad en nuestras vidas, esa ilógica que pone a Dios como tema principal,en medio de guerras o consecuencia de la necesidad de afecto en nuestras vidas. Nuestra realidad es real,valga la redundancia, son los acordes de nuestra vida diaria, de una sola canción, la que cantamos todos los días al amanecer y al anochecer....que ironía, siempre noto esta ironía de la vida , siempre nos juega al reves, siempre pasandonos la cuenta y luego dejandonos una enseñanza, claro asi es para quienes apreciamos la amistad, el amor y la palabra de seres que intentan vivir con dignidad y orgullo y valores, valores que hoy en dia debemos defender a cuesta, sobre todo cuando estamos solos y en difíciles momentos o cuando amamos, cuando amamos de verdad, entonces, cuando amamos de verdad, nuestros valores y dignidad juegan un estupor.

La muerte es un tema temerario y con el que nos cuesta lidiar.

Dulce.

Anónimo dijo...

El señor Saramago debería dejar de escribir sobre conceptos que no entiende y aprender normas básicas del lenguaje como es evitar el leísmo

Anónimo dijo...

buno señor su pagina esta en nada dberia decicarse a vender verduras en el mercado porque no sabe nadasiga mi consejo

 
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